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ByYeisson Garzón

Los 7 hábitos de los ahorradores altamente efectivos

Inversiones 4G Ahorro Dinero

En este artículo  enumeramos  varios principios que puede usar para ser efectivo en el logro de sus objetivos.

UNO: ser proactivo

¿Por qué es que a menudo esperamos que el techo se derrumbe antes de comenzar a formar buenos hábitos financieros? No permita que las emergencias financieras sean su señal para comenzar a ahorrar. Terminará viviendo en un estado constante de control de daños estresado.

Los ahorradores efectivos tienden a anticiparse a estas situaciones y prepararse al construir un huevo de emergencia. La opinión actual recomienda que tenga al menos 3-6 meses de su sueldo guardado en un fondo de emergencia. Este fondo no solo le proporcionará un sentido inmediato de seguridad financiera y tranquilidad, sino que también puede usarse en el caso de eventos desafortunados y no planificados. ¿Emergencia médica? Coche roto Retenido? Descansará tranquilo sabiendo que tiene una red de seguridad para protegerse.

DOS: Comience con el fin en mente

Si desea ser coherente en sus esfuerzos por ahorrar, debe recordarse continuamente su objetivo final. ¿Para qué está ahorrando y por qué es importante para usted, específicamente?

No es sorprendente que, cuando la emoción está vinculada a nuestros objetivos, hace que el seguimiento sea más fácil y mucho más gratificante. No tiene sentido esconder $1000 por mes si no sabe por qué lo hace en primer lugar. Esto conducirá inevitablemente a la frustración y al fracaso para lograr sus objetivos hasta el final.

Permítanme dar algunos ejemplos de cómo el propósito emocional impulsa el éxito:

Un hombre de negocios decide trabajar horas extras los fines de semana y coloca los ingresos adicionales en una cuenta de ahorro de alto interés. Su propósito emocional no es mejorar su nivel de vida, sino más bien financiar unas vacaciones relajantes en el extranjero con su compañero al final del año.

Una estudiante universitaria decide abandonar sus vacaciones de verano con amigos para trabajar a tiempo completo como camarera. Su propósito emocional no es comprar la última moda, sino recaudar el dinero suficiente para compensar los gastos de matrícula de la universidad.

Una madre soltera decide guardar $1000 por mes en una cuenta de ahorros libre de impuestos. Su propósito emocional no es evitar tener que pagar impuestos, sino más bien construir un fondo de educación para su hijo cuando finalmente se gradúe de la escuela secundaria.

Como se ilustra, cuando asocia la emoción a un objetivo, le servirá como recordatorio de por qué sacrifica su dinero duramente ganado a corto plazo para financiar un objetivo mucho más gratificante a largo plazo. Esto no quiere decir que será fácil, incluso con estas señales emocionales. Desafortunadamente, somos criaturas que valoran la gratificación instantánea. La clave es encontrar maneras de reconectarse con la emoción detrás de sus metas y dejar que eso lo guíe.

TRES: Ponga las primeras cosas primero

Este se explica por sí mismo. La vida es una serie de prioridades y la forma en que decidas ordenarlas depende de ud. Financieramente, sin embargo, hay algunos que deben tener prioridad (en este orden):

  • Pagar el crédito de alto interés o la deuda de la tarjeta de la tienda
  • Creación de un fondo de emergencia para esos eventos de días de lluvia (consulte el punto 1 arriba)
  • Pagándose primero para que pueda pagarse después.

Al cumplir estas tres prioridades, obtendrá la libertad de gastar su dinero duramente ganado en las cosas que ama en una etapa posterior (una vez más reforzando el propósito emocional del que se habló anteriormente).

CUATRO: Piense en ganar-ganar

A veces, ser un ahorrador efectivo implica un compromiso. Pero no tiene por qué significar que renuncie a todo lo que ama. Piense en formas en que puede reemplazar una cosa por otra, sin sacrificar su billetera o cordura. Algunos ejemplos podrían incluir:

En lugar de salir a cenar con amigos, ¿por qué no invitar a esos amigos a una cena informal y ahorrarse el dinero extra? Al intercambiar una noche (cosa # 1 que ama) con una noche en (cosa # 2 que ama), no está sacrificando el tiempo con amigos. Simplemente lo está cambiando por una alternativa amigable con la billetera. ¡Suena como un ganar-ganar para mí!

En lugar de pagar una exorbitante prima mensual de gimnasio para mantenerse en forma (cosa # 1 que ama), ¿por qué no explorar (totalmente gratis) senderos al aire libre (cosa # 2 que ama) y usar parte del dinero que ha ahorrado para pagar su Viaje para visitar a su familia (bonificación adicional). ¡Ganar ganar ganar!

Si bien este hábito puede requerir un pensamiento creativo e innovador, su futuro yo se lo agradecerá.

CINCO: Busque primero entender, luego entenderse

Solemos saltar a las soluciones antes de que incluso hayamos entendido el problema subyacente. ¿Alguno de estos le suena familiar?

  • “No puedo ahorrar porque no gano suficiente dinero”.
  • “Ahorrar es muy difícil porque la comida es muy cara hoy en día”.
  • “Me gustaría ahorrar, pero invertir mi dinero me confunde”.

Todas estas afirmaciones pueden ser en cierto modo ciertas, pero son superficiales y no abordan honestamente el problema. Si desea ser un ahorrador efectivo, debe pensar detenidamente sobre las razones por las cuales no está logrando sus metas de ahorro. Si comprende la causa raíz, puede abordar mejor la solución.

¿Está luchando por ahorrar porque la renta en su vecindario actual consume más de un tercio de su salario mensual? Solución: tal vez considere encontrar un apartamento más barato, pero igualmente adecuado, en un vecindario más barato. Sí, es posible que no esté en el vecindario más moderno de sus amigos. Pero dormirá mejor por la noche sabiendo que está en el camino hacia la libertad financiera.

¿Está luchando por ahorrar porque gasta su ingreso discrecional en el pago de deudas de tarjetas de crédito con intereses altos? Solución: admita que no puede pagar su estilo de vida actual, recorte las tarjetas de crédito, ajuste su estilo de vida en consecuencia y pague todo lo que pueda para liquidar esa deuda.

Hay mucho poder para ser honesto consigo mismo acerca de su situación financiera actual. No se avergüence. Estar facultado Porque finalmente está recuperando el control.

SEIS: Funcionamiento

¿Cómo puede validar sus ahorros? Asegurándose de que su dinero esté funcionando y no EN CONTRA de usted.

Si está endeudado con sus oídos, no tiene sentido acumular su dinero en una cuenta de ahorros. El interés en su deuda probablemente supera con creces el interés que ganaría en un instrumento de ahorro. De esta manera, sus objetivos no están sincronizados con su realidad actual y todavía está perdiendo dinero. Más bien pague la deuda por completo y luego cambie para enfocarse en sus ahorros.

Si está libre de deudas, ¡felicidades están en orden! Eres una rareza. Pero asegúrese de que su dinero se esté invirtiendo en una cuenta de inversión de alto interés. El tipo de cuenta variará, dependiendo de sus objetivos. Pero lo último que desea es que su dinero se siente debajo de un colchón y pierda valor con el tiempo. Invierta en un instrumento que, como mínimo, le proporcione rendimientos por encima de la inflación.

Por último, el tema del que nadie quiere hablar: ¡Impuestos! Asegúrese de que sus ahorros sean lo más eficientes posible en cuanto a impuestos. Esto podría significar invertir en una cuenta de ahorros libre de impuestos (TFSA) o contribuir lo más posible a su anualidad de jubilación (lo que reduce su ingreso tributable anual). No necesita dar una parte de sus ahorros al contribuyente cuando hay formas (legales) de evitarlo.

Sea cual sea su estrategia, intente asegurarse de que sus ahorros estén en sinergia con el mayor retorno de su inversión. Después de todo, ¡es dinero gratis!

SIETE: Afila la sierra

Después de haber pasado más de 20 años de mi vida siendo educado, valoro enormemente la educación. No hay mejor herramienta para equiparse para que sea económicamente libre que para estudiar cómo otros antes de que lo haya hecho.

Leer blogs de finanzas personales. Leer libros educativos. Navega por internet por los recursos. Estudie las hojas de datos del fondo de inversión. Tome cursos en línea. Haga lo que pueda para educarse mejor sobre todas las cosas relacionadas con el dinero. Es a través de educarse a sí mismo que afila la sierra y mantiene sus habilidades de administración de dinero afiladas.

Pensamientos finales

Ser un ahorrador efectivo no tiene por qué ser complicado. Simplemente requiere que piense creativamente . Piense en maneras de prepararse para el futuro antes de que suceda. Recuerde por qué empezó  a ahorrar en primer lugar. Priorice lo que es importante para su situación financiera actual. Encuentre alternativas inteligentes que permitan ganar a todos. Piense seriamente en los obstáculos que obstaculizan sus metas de ahorro y cómo podría abordarlos. Asegúrese de que su dinero trabaje para usted y no contra usted. Y, finalmente, mejore su educación financiera.

¡Al adoptar los 7 hábitos de los ahorradores altamente efectivos, estará varios pasos por delante de la mayoría en el camino hacia la libertad financiera!

Fuente: escueladeriqueza.org

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Lo que quiere para su negocio y cómo obtenerlo

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Soy un gran creyente en establecer intenciones y hacer que lo que quiere se haga realidad. Lo hago en mi vida personal, entonces, ¿por qué no hacerlo para mi negocio? ¿se identifica?

No los llame resoluciones

Durante años, fui el primero en la fila, agitando mis resoluciones de negocios como una bandera a principios de año. Cada año, tenía una larga lista de objetivos muy específicos que quería lograr para mi empresa. Este año, fui en una dirección diferente y me centré en una.

Pero hay valor en poner energía en lo que quiere lograr. Si la palabra “resoluciones” lo apaga, use “metas” o “deseos”. “Intenciones”. Lo que suene suena. Sólo tiene un poco.

Encuéntrelos en lo positivo

Cuando escriba sus intenciones para su negocio, escríbalas en positivo, no en negativo. Por ejemplo:

– Sí, quiero más clientes con los que sea un sueño trabajar.

– No, no quiero más clientes que me estresen por la noche.

– Hay una creencia entre la gente de la Ley de Atracción que cuando dice algo negativo, el Universo solo escucha el tema de la oración (“clientes que me estresan”) y lo ofrece. Así que manténgase  positivo.

Y sí, parece una locura que simplemente escribiendo (o diciendo en voz alta) sus intenciones, puedan hacerse realidad, pero tengan un poco de fe. Y ponerse a trabajar.

Comience el crack-a-la falta

Aquí es donde muchas personas descarrilan con las intenciones generales: hacen una gran lista de lo que quieren lograr, y luego se sientan allí, mirando la lista, esperando que ésta se haga realidad mágicamente. No funciona así. Todavía tiene que poner el sudor para obtener resultados.

Así que si tiene un objetivo para conseguir más clientes, ¿adivine qué? Va a necesitar encontrarlos. Asistir a eventos de redes. Pida referencias de clientes actuales. Esto será más fácil ahora que haya establecido el deseo de atraer más clientes, pero no puede ser perezoso al respecto.

Establecer intenciones es solo una parte de la ecuación. También debe estar comprometido a hacer que sucedan.

¿Se siente a la deriva?

Si es como yo últimamente, no sabe a dónde quiere llevar su negocio y, como resultado, es posible que no esté prosperando de la manera que le gustaría. Entonces, pregúntese,  ¿qué es lo que quiero que suceda con mi negocio en los próximos seis meses? ¿Año? ¿Cinco?  Ese es un excelente punto de partida para ayudarlo a descubrir los detalles más complejos de sus metas.

Nunca tenga miedo de pedirle al Universo lo que quiere. Nunca se sabe: ¡Es posible que lo consiga!

Fuente: escueladeriqueza.org

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Business Case de iniciativas o proyectos para tomar decisiones acertadas

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Por: Circulante

Un business case es un análisis de rentabilidad y del valor o utilidad que añade a la empresa una iniciativa o proyecto. En él se evalúan los ingresos y costes asociados a dicho proyecto, aislando de este análisis aquellos ingresos y costes que no se le puedan asignar de forma directa.

Puede realizarse un business case de un iniciativa o proyecto que ya se ha llevado a cabo o de uno nuevo que la empresa se propone acometer. En definitiva, es un instrumento que ayuda a tomar la mejor decisión estratégica cuando se plantea en la empresa una posible inversión.

El business case se suele presentar en un documento estructurado ante un comité que puede estar formado por directivos de finanzas, abogados del departamento legal, directivos de otros departamentos, jefes de proyectos, etc. Incluye, entre otros, los siguientes elementos:

  • Definición y objetivo del proyecto
  • Antecedentes y/o problema a solucionar
  • VAN (Valor Actual Neto)
  • TIR (Tasa Interna de Retorno)
  • TCO (Total Cost of Ownership)
  • Flujo de Caja neto
  • ROI (Return of the Investment)
  • Riesgos
  • Técnicas de presentación ejecutiva
  • Conceptos generales del Proyecto
  • Fechas estimada de implementación

Elaborar un business case ayuda a evaluar si la inversión es realmente conveniente: si tiene un VAN o TIR positivo, si tiene un ROI o retorno de la inversión atractivo, si supera el coste del capital de la organización, etc., así como a valorar alternativas al proyecto. También es importante que la inversión en la iniciativa o proyecto en cuestión, esté alineado con los objetivos corporativos.

Lo relevante es disponer de información para tomar decisiones de inversión y valorar la pérdida máxima en que se puede incurrir, así como el punto de equilibrio.

Es muy importante preparar bien el diseño e implementación de un business case: recopilar todos los datos posibles, elegir preguntas adecuadas, hacer un análisis riguroso de posibles escenarios y estudiar todas las implicaciones del proyecto de tipo organizativo, legal, fiscal, laboral, gestión del cambio, etc.

Si la preparación se hace de forma rigurosa, se evitará cambiar de estrategia para subsanar errores, cuando se está en el proceso de implantación. Además, la naturaleza cambiante del mercado es un factor que puede implicar cambios de estrategia.

Se debe hacer un seguimiento de cómo se avanza en el diseño, así como de de la implementación del business case. Una vez implementado de debe seguir gestionando los componentes clave (coste, desempeño y periodo de transición como la desviación de plazos o los costes de gestión) a lo largo de todo el ciclo de vida del proyecto. Se debe contar con que hay que esperar dos o tres años a conseguir el ROI o retornos de la inversión.

Un ejercicio complementario a un business case que se debe desarrollar es el análisis de sensibilidad, que consiste en calcular el valor del proyecto -los nuevos flujos de caja y el VAN- al cambiar una variable, como por ejemplo, la inversión inicial, la duración, los ingresos o su tasa de crecimiento, los costes, etc.

Para aplicar este método se identifica un mínimo de tres posibles escenarios del proyecto de inversión para cada variable clave: pesimista, probable y optimista. Y se calcula el valor del proyecto en cada uno de los escenarios.

De esta forma se calcula  cómo varía el valor del proyecto ante cambios en alguna de las variables clave o errores en los datos iniciales del proyecto analizado. Se pueden detectar así puntos críticos a los que hay que prestar especial atención y mejorar las estimaciones de modo que se tomen decisiones para evitar resultados no deseados.

Fuente: circulante.com

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Las nuevas estrellas de los mercados emergentes

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Por: Jose Recio

Los mercados emergentes son aquellos países o economías que se encuentran en una fase de transición entre los países en vías de desarrollo y los países desarrollados. Son muy interesantes de tener en cuenta debido a que pueden suponer una oportunidad de negocio en los mercados de renta variable. No en vano, su potencial de revalorización puede ser enorme y en cualquier caso por encima de los mercados financieros tradicionales. No obstante, mucho cuidado porque sus operaciones tienen un riesgo muy elevado. En donde puedes ganar mucho dinero pero también dejarte muchos euros por el camino.

Hasta ahora hemos estado acostumbrados a que los mercados emergentes estuviesen representados por los denominados BRICS. Es decir, Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica. Pero desde hace unos meses han emergido unos mercados emergentes alternativos. ¿Deseas conocer cuáles son para operare en bolsa en algunos de ellos? Pues bien no vamos a referir a los que pueden constituirse como una oportunidad de negocio para los pequeños y medianos inversores más agresivos.

Dentro de este contexto general, Bulgaria, Indonesia, Vietnam, Perú y México se salvan, de entre los mercados emergentes, de la incertidumbre global que está provocando la amenaza al crecimiento económico en buena parte de las economías internacionales, apuntan desde Crédito y Caución. Al entender que mantienen buenas perspectivas de crecimiento y una vulnerabilidad limitada frente a los riesgos globales a los que nos enfrentamos en estos precisos momentos. Hasta el punto de que pueden ser una de las opciones para invertir en los mercados de renta variable de los mencionados países.

Emergentes: nichos de mercados

Estos mercados emergentes se caracterizan a que presentan a que sus economías evolucionan de forma estable, con condiciones comerciales favorables para sus intereses generales, comportamientos de pago sólidos y sobre todo oportunidades de crecimiento y negocio en varios sectores del tejido productivo de sus economías.

No es extraña, pues, que algunos de estos países puedan desarrollar un mejor comportamiento que en los denominados países industrializados. A pesar del sensible riesgo que conlleva cualquier apertura de posiciones en sus mercados financieros.

Países y sectores productivos

Indonesia ofrece oportunidades de negocio en varios sectores económicos. Entre ellos, el químico, productos farmacéuticos, cosmética, alimentación, vestido y calzado, hostelería y construcción, entre algunos de los más relevantes. Mientras que por el contrario, otro emergente como es en estos momentos Bulgaria se encuentran en segmentos de la relevancia de los bienes de consumo, la moda y el ocio en general. Que pueden ser introducidos en la próxima cartera de inversión con el objetivo de rentabilizar el capital disponible en la bolsa.

Por otra parte, también está presente Vietnam que aporta los servicios de consultoría, arquitectura, turismo, franquicias, productos financieros e ingeniería en general. Mientras que en los países americanos, es decir Perú y México basa su estrategia en la construcción y las energías renovables. Como puedes comprobar se trata de una oferta de inversión que está debidamente diversificada como para que puedas optar al sector empresarial que mejor se ajuste a tu perfil como pequeño y medianos inversor. Con una amplia gama de propuestas bursátiles y para todos los gustos, y tal como puedes darte cuenta en estos momentos.

¿Cómo operar en estos mercados?

La precaución deberá ser el denominador común de las actuaciones de los pequeños y medianos inversores en este ámbito de la inversión. En especial, al tratarse de unos mercados muy especiales que requieren de un tratamiento diferente al que es seguido en las plazas más convencionales. En donde se puede seguir las siguientes pautas de actuación que a continuación exponemos en este artículo.

Realizar operaciones de muy pequeña cuantía, debido a que son operaciones en los mercados de renta variable con mayor exposición al riesgo.

Todas las órdenes de compra deben llevar incorporada un mandato de limitación de pérdidas o las más bien conocidas como órdenes stop loss. Con el objetivo de asumir solo las pérdidas que los usuarios puedan soportar en un determinado momento.

Planificar una estrategia en la inversión para que de esta manera tengamos un poco más claro lo que en realidad queremos conseguir. En el que se incluya el periodo de permanencia de estas operaciones, es decir si van destinadas al corto, medio o largo plazo.

Conocer al menos un poco el mercado de renta variable en donde vamos a invertir el dinero disponible para la bolsa. Esto al menos nos ayudará a evitar algún que otro problema en los movimientos abiertos en los mercados de renta variable.

Si se puede optar por valores que sean al menos un poco conocidos y que sepamos las líneas de negocio a las que se dedica. Uno de los grandes errores en estos casos es comprar por comprar y está estrategia en la elaboración de una cartera de valores puede llevarnos a tomar una decisión completamente equivocada.

Mercados muy volátiles

Si por algo se caracterizan estas plazas internacionales es por la volatilidad extrema en la que cotizan sus valores bursátiles. Con fuertes divergencias entre sus precios máximos y mínimos, con niveles de desviación diarios que pueden llevar a nivel del  5 % o incluso con más intensidad en algunos de los casos. Mientras que por otra parte, son valores que son más propensos a la rotura de soportes y resistencias con cierta frecuencia y que hace que sean muy complejos para seguirlos a través de los gráficos a análisis técnico.

Todas las precauciones son pocas para proteger el dinero de nuestras inversiones en estos mercados financieros de renta variable tan especiales. No nos podemos olvidar que son más difíciles de seguir que en los mercados tradicionales y está variable hay que tenerla en cuenta para la elaboración de nuestra próxima cartera de inversión. Más allá de otras consideraciones de carácter técnico o también desde el punto de vista de sus fundamentales. No lo olvides si no deseas tener a partir de estos momentos alguna que otra sorpresa negativa que puede incidir el el saldo de tu cuenta de ahorro de cara a los próximos años. Es mejor ser prevenido que perder una buena parte de su capital personal o familiar.

Fuente: economiafinanzas.com

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¿Cómo gestionar el tiempo?

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El tiempo. Ese gran tema. Siempre nos falta cuando estamos ocupados o nos sobra cuando tenemos que esperar.

Lo podemos ver como nuestro aliado o como nuestro enemigo.

Lo podemos pensar como algo que se pierde o se aprovecha.

Pero lo cierto es que lo veamos como lo veamos y lo pensemos como lo pensemos, el tiempo es el mismo.

Somos nosotros los que aplicamos nuestras creencias e ideas preconcebidas cuando pensamos en el tiempo. En el tiempo que disponemos, sobre el poco que tenemos y lo ocupad@s que estamos, las mil obligaciones diarias…

Pero lo cierto es que el tiempo puede ser nuestro aliado si así lo deseamos y si lo usamos a nuestro favor.

El tiempo es nuestro aliado si sabemos aquello que queremos y vamos a por ello.

Estrella2Plantéate que poco a poco puedes dar pequeños pasos cada día y avanzar así hacia dónde quieres.

Dar un paso cada día: apúntate al curso que deseas hacer, vista esa persona que sabes que te ayudará, ve a ese sitio que te interesa, habla con alguien que admiras…

No uses el estar ocupado como una excusa.

Una excusa para decir que no tienes tiempo para hacer aquello que te gusta, te emociona y te llena.

O para decir que no tienes tiempo para hacer aquello que sabes que produciría un cambio significativo en tu vida.

Aún que no te lo creas o pienses que no es cierto…te invito a reflexionar sobre:

Estrella2 Aun estando ocupados podemos encontrar el tiempo para hacer aquello que deseamos…si ya sé no me crees.

Pero aunque ahora digas que no….piensa en que cuando estas liad@ y con mil cosas que hacer, de la forma que sea, encuentras tiempo para hacer aquello más importante para ti o para estar con las personas que realmente te importan.

¿Cómo lo haces? ¿Cómo lo consigues?

Priorizando y dejando de lado lo menos importante para ti.

Aunque tengas mil tareas que hacer: ¡Siempre hay tiempo para lo realmente importante!

¿Verdad que si?

Piénsalo.

Por lo tanto, simplemente se trata de ponerte a ti y aquello que deseas conseguir en primer lugar y en las primeras posiciones de lo importante para ti…y luego actuar en consecuencia. De esta manera seguro que encontrarás tiempo para avanzar en aquello que deseas.

Fuente: camialestel.wordpress.com
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Para qué sirven las crisis

Por Borja Vilaseca

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La función de cualquier crisis consiste en destruir lo viejo para que pueda surgir lo nuevo. De ahí la importancia de aprovechar este escenario de cambio y transformación para evolucionar como individuos y como sociedad.

Aunque llevaba décadas gestándose, de un día para el otro los medios de comunicación masivos anunciaron que el mundo había entrado en crisis. Algunos expertos profetizaron que este hecho iba a tener consecuencias apocalípticas para la mayoría de los ciudadanos. Y lo cierto es que así ha sido. Curiosamente, la palabra «apocalipsis» viene del griego «apokálypsis», que significa «revelación» y también «quitarse el velo de los ojos». Es decir, el momento de afrontar la verdad sobre lo que está sucediendo.

Por su parte, la palabra «crisis» comparte la misma raíz etimológica que «crisálida», la cual alude a la «metamorfosis» y a la «transformación». Y eso es precisamente lo que le está sucediendo al sistema económico: está inmerso en un gigantesco proceso de metamorfosis. De hecho, nos encontramos ante a un momento histórico extraordinario. Somos testigos de excepción de un cambio de época. Nunca antes habíamos estado en semejante crisálida.

En este contexto, el cambio y la reinvención han dejado de ser una opción; se han convertido en una necesidad para poder adaptarnos y prosperar en la nueva realidad personal, social, política, laboral y económica emergente. Lo que está en juego es nuestra capacidad de evolucionar como individuos y como sociedad. Para lograrlo, es fundamental tomar nota de las lecciones psicológicas que esta crisis ha venido a enseñarnos.

1.Aceptar la impermanencia de las cosas. No hay nada que dure para siempre. Todos los sistemas sociales, políticos, financieros y energéticos que hemos ido creando han tenido un origen, un punto de máxima expansión, un proceso de decadencia y su consiguiente transformación. No es que hayan desaparecido ni se hayan destruido, sino que han ido mutando por medio de las denominadas «crisis sistémicas». Es decir, las que remodelan los fundamentos psicológicos, filosóficos, económicos y ecológicos del sistema. Y como cualquier otro cambio brusco, suele venir acompañado de cierto grado de inestabilidad, conflicto y violencia.

2.Abrirse a lo nuevo. Es una ley tan inmutable como eterna: tarde o temprano, lo viejo muere, dando paso a lo nuevo. Si bien es cierto que están desapareciendo sectores, compañías y trabajos industriales, en paralelo están emergiendo otros nuevos, relacionados con la creatividad y la innovación. Además, gracias al imparable avance de las nuevas tecnologías, poco a poco se va transformando radicalmente cómo hacemos lo que hacemos, facilitando que logremos hacer cosas que no sabíamos que podíamos hacer. Así es como los sectores, empresas y profesiones de éxito pasado se ven superados por nuevas propuestas más eficientes y de mayor calidad que las destruyen. A este fenómeno se le denomina «destrucción creativa», un término popularizado en el siglo XX por Joseph Schumpeter.

3.Vencer el miedo al cambio. El mayor freno para cambiar es el temor a soltar lo que creemos que tenemos. En eso consiste precisamente salir de nuestra zona de comodidad. Algunos lo llaman «dar un salto al vacío». Y otros, «la travesía por el desierto». Sentir dicha incomodidad nos confronta con todos nuestros miedos inconscientes. Tememos salirnos de la corriente y seguir nuestro propio camino. Tememos equivocarnos, fracasar y hacer el ridículo. Y tememos lo que la gente de nuestro entorno pueda pensar de nosotros.

4.Cuestionar la forma de pensar. El actual escenario de crisis sistémica nos está diciendo alto y bien claro que está todo por hacer. Todo por reinventarse. De ahí que sea fundamental que este proceso de destrucción creativa suceda a nivel individual, en nuestra propia mentalidad. Es hora de que mueran nuestras viejas creencias para permitir que nazcan las nuevas que están por venir. De ahí la importancia de cuestionarnos a nosotros mismos, cuestionando un sistema de creencias que dábamos por inamovible y completamente cierto. Si no rompemos con la inercia ahora, cuando concluya el periodo de crisis puede que sea demasiado tarde.

5.Analizar detenidamente la situación. Más allá de la connotación tan negativa que suele asociarse a la «crisis», su etimología muestra su auténtico significado. El ideograma chino que ilustra esta palabra «crisis» está compuesto por dos figuras: una significa «peligro» y la otra, «oportunidad». A su vez, procede del vocablo griego «krisis», que a su vez deriva del verbo «krinein», que quiere decir «juzgar» y «decidir». Este verbo también ha dado lugar a sustantivos como «crítica» y «criterio». Así, la crisis podría definirse como un momento decisivo dentro de cualquier proceso individual o colectivo, tanto psicológico como económico. En el fondo, es una invitación para hacer una pausa y reflexionar acerca del rumbo que está tomando nuestra existencia. Y a poder ser, decidir sabiamente el siguiente paso que hemos de dar para seguir evolucionando como especie y prosperando como civilización.

6.Aprender de los errores. Toda crisis requiere que la afrontemos con honestidad y humildad. Por más que le duela al ego, hemos de mirarnos en el espejo y ser autocríticos. ¿Cuál es nuestra parte de responsabilidad? ¿En qué nos hemos equivocado? ¿Qué podemos aprender al respecto? Hemos de asumir las decisiones que tomamos en el pasado, pues son muy cómplices del tipo de circunstancias que estamos cosechando en el presente. Si no aprendemos de nuestros errores, tarde o temprano volveremos a cometerlos. La crisis seguirá latente en nosotros. Y la vida seguirá dándonos las bofetadas que necesitamos para que espabilemos de una vez, aprendiendo lo que ha venido a enseñarnos.

7.Crecer como seres humanos. No podemos resolver un problema desde el mismo nivel de comprensión desde el que lo creamos. Los verdaderos obstáculos están en nuestra mente, no en la realidad. Ahí afuera solo encontraremos el reflejo de nuestras limitaciones mentales. Frente a la crisis, no sirve de nada la queja, el victimismo y la culpa. Todo el tiempo y la energía que dedicamos a cambiar aquello que no podemos transformar (la realidad externa), lo estamos malgastando para transformar aquello que sí podemos cambiar: la realidad interna, esto es, nuestra visión del mundo y nuestra actitud frente a nuestras circunstancias. Aunque en un primer momento no lo parezca, siempre hay otras vías y sendas por explorar.

Para poder llevar estos aprendizajes a la práctica, hemos de empezar por invertir en nosotros mismos, en nuestra educación. Cuanto mayor sea la calidad de nuestro conocimiento, mejores serán las decisiones que tomemos y también los resultados que obtengamos. La buena noticia es que hoy en día la información es libre, abundante y gratuita. Gracias a las nuevas tecnologías está a golpe de clic. Saquémosle el polvo a nuestra curiosidad. Podemos empezar yendo a una conferencia, asistiendo a un curso o leyendo un libro. Hemos de formarnos para poder adoptar una actitud vital mucho más responsable, proactiva y emprendedora. En este marco de adversidad, caos e incertidumbre, hay muchos individuos que están agudizando su ingenio para detectar las oportunidades existentes; oportunidades que la mayoría –cegada por el miedo y la ignorancia– no es capaz de ver.

Por más que no los intenten hacer creer legislación tras legislación, no son los políticos los que cambian nuestra vida. Somos nosotros, los ciudadanos. Y no con nuestro voto, sino con nuestras decisiones y acciones. La crisis actual es una oportunidad para hacernos cargo de nosotros mismos. El cambio de mentalidad individual es lo que de verdad transforma la sociedad y el sistema. Asumamos de una vez que la seguridad externa no existe. Y que a día de hoy no nos queda más remedio que elegir entre dos incertidumbres: la de esperar que otros resuelvan nuestros problemas… O la de comprometernos con aprender a resolverlos por nosotros mismos.

Artículo publicado por Borja Vilaseca en El País Semanal el pasado domingo 6 de septiembre de 2015.

Fuente: borjavilaseca.com
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Creencias que impiden hablar bien en público (y cómo cambiarlas)

Creencias que te impiden hablar bien en público (y cómo cambiarlas)

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por Ana Vico

La primera vez que hablé en público lo hice con miedo, un miedo atroz, ése al que llaman miedo escénico.

Era 2003 y presentaba un trabajo de marketing delante de una clase de 40 personas en la universidad. No hubiese dicho que estaba nervioso. Ni siquiera me planteé si yo era de esos que hablaba bien en público. Simplemente salí al ruedo. Pero a medida que hablaba y miraba al profesor, pensaba que algo iba mal.

No le estaba gustando.

Miré a los compañeros que tenía en frente. En sus caras no encontré ningún signo de especial interés.

Seguí hablando.

Mi boca se secaba y cada vez me costaba más articular las palabras. La lengua se me pegaba al paladar.

Me forcé a seguir hablando.

Ya quedaba poco.

Entonces el profesor me interrumpió con una pregunta.

-Nacho, ¿qué es el marketing?

Directo al mentón.

La interpreté como una duda a las bases del trabajo que había hecho. Fue ahí cuando me hundí.

El pánico escénico

El pánico escénico o miedo escénico es el pavor que siente uno cuando sale a hablar en público. Es un miedo inconsciente, feroz e implacable. Hace que tu capacidad comunicativa caiga al nivel del suelo y encima te hace sentir estúpido. Tú sabías lo que tenías que decir, pero no fuiste capaz hacerlo.

Como decía Pericles:

“El que sabe pensar, pero no puede expresar lo que piensa es como si no supiese pensar.”

Lo peor de este miedo es que es difícil de controlar y suele acarrear consecuencias negativas.

A mí me costó un suspenso en marketing II.

Pero el pánico escénico – o glosofobia- , como muchos otros miedos, no proviene de tu falta de formación o de habilidades.

A ver, conocer las mejores técnicas para hablar en público ayuda, pero antes de eso lo más probable es que debas replantearte qué es exactamente lo que piensas sobre ti o tu nivel.

Y ahí es donde entran en juego las creencias.

Qué son las creencias

Las creencias son generalizaciones que haces acerca de cómo funciona el mundo. Todas esas creencias unidas conforman un sistema de creencias que configura tu modelo de la realidad. Ese modelo es una simplificación de cómo crees tú que funciona el mundo.

¿Para qué sirve?

Para ahorrarte tiempo en tomar decisiones y no volverte loco.

Se dice que tomamos unas 35.000 decisiones al día. ¿De cuántas eres consciente? De muy pocas. Porque si tuvieses que evaluar cada una de las 35.000 conscientemente tu cerebro estallaría.

Imagina que tuvieses que analizar todo tu entorno cada vez que te pusieses a comer.

¿Este ordenador se puede comer?

¿Y la silla?

¿Tal vez el teclado?

Una vez hubieses tomado la decisión de ir a por la comida, ya habría caducado.

En tu sistema de creencias seguramente haya algunas creencias como:

-Los ordenadores no se comen.

-El teclado es difícil de masticar.

Tenerlas te ayuda a no revisar mentalmente tooooodas las decisiones que tomas.

Así, el tiempo de procesamiento se reduce y te conviertes en un espécimen más eficiente que es lo que le gusta a la naturaleza.

Puede que estas creencias te parezcan muy obvias pero el asunto pronto se complica. Para comprobarlo, pasemos al terreno de las relaciones.

¿Qué pensaste cuando no te contestó la llamada?

-Como no me llama significa que no le intereso.

o

-Está jugando a ver quién espera más. Le intereso.

El hecho –no recibir una llamada- es el mismo para todo el mundo, pero será tu sistema de creencias el que te hará pensar una cosa u otra. De ese pensamiento surgirá una emoción y, muy probablemente, una acción.

Visto desde este prisma, el poder de las creencias es enorme ya que define totalmente tu realidad. Aunque las creencias son solo tu visión de cómo funcionan las cosas, interiormente no las tratas como una mera visión, las tratas como verdades absolutas.

Un ejemplo que ilustra bien que las creencias son “tu” modelo de realidad y no “la” realidad lo puedes encontrar en la cultura india.

Si te digo que eructar mientras comes es de mal gusto tal vez me digas que no es una creencia. Es un hecho. Todo el mundo lo sabe. Es una realidad como que el fuego quema.

Pero tal vez tengas más problemas para explicarle esa “realidad” a alguien de Mumbai, donde eructar mientras comes no es signo de mala educación.

Espero que alguno de los anteriores ejemplos de creencias te haya servido para asentar el concepto. Ahora pasamos al siguiente escalón.

Cómo se forman las creencias

Las creencias de una persona se forman a medida que va interactuando con su entorno.

El niño que se lleva una bronca por pintar con bolígrafo la pared de su comedor interioriza una creencia que le llevará a pensar que:

Pintar las paredes del comedor está mal.

El adolescente que suspende un examen de matemáticas puede que desarrolle una creencia tipo:

Se me dan mal las matemáticas.

El adulto que lee una revista donde dice que el yogur no engorda podría desarrollar una creencia tal que:

Los yogures son sanos.

Las creencias se pueden formar cuando hablamos con la gente, cuando leemos libros, cuando vemos películas, cuando tocamos cosas, cuando las construimos, cuando las desmontamos, cuando nos vamos de vacaciones, cuando ganamos dinero, cuando lo perdemos o cuando sufrimos una infidelidad.

Prácticamente cualquier actividad puede generar una creencia.

Entonces, ¿las creencias son positivas o negativas?

Depende.

Creencias limitantes y potenciadoras

Las creencias se pueden clasificar de muchas maneras, una de ellas es la que las define como creencias limitantes o creencias potenciadoras.

Para simplificarlo, las creencias potenciadoras son aquellas que te permiten o te ayudan a lograr tus objetivos. Las creencias limitantes hacen justo lo contrario.

Un ejemplo de cómo pueden afectarnos las creencias está en la historia de la milla.

El 6 de Mayo de 1954, el record de la milla estaba en 4:01 y era propiedad del sueco Gunder Hag. Hacía 9 años que lo había logrado y, aunque muchos otros atletas habían intentado superarlo, nadie lo había logrado.

Algunos periodistas argumentaban incluso que el cuerpo humano no estaba preparado biológicamente para bajar esa marca.

Pero a las seis de la tarde de ese día todo cambió.

Roger Bannister corrió como un gamo y, cuando anunciaron su marca por megafonía, el estadio irrumpió en gritos: 3:59.

Había derribado un mito, había batido un record que llevaba casi 10 años intacto. Ahora sería el poseedor de ese record durante muchos años más… o no.

A los 47 días Roger Bannister se quedó sin record. El 21 de junio, el australiano John Landy, corrió en 3:58. La puerta se había abierto y los cuatro minutos una vez inaccesibles fueron traspasados una y otra vez en los años sucesivos.

¿Qué demonios pasó ahí?

Lo más probable es que, mientras la marca estaba en 4:01 y algunos periodistas deportivos jugaban a ser científicos, la mayoría de atletas pensasen que era imposible bajar ese tiempo. Su sistema de creencias albergaba una creencia que decía:

Un humano no puede correr una milla en menos de 4 minutos.

Esa creencia limitante les impedía derribar ese récord. Date cuenta de que ellos no pensaban que se trataba de una creencia, para ellos seguramente sería una certeza. Como que la Tierra es redonda o los huevos fritos contienen colesterol.

Pero llegó alguien que no compartía esa creencia y lo batió.

Cuando el resto de atletas se enteraron, no tuvieron más remedio que cambiar su creencia previa. Si Roger Bannister había podido hacerlo, es que el ser humano sí que está preparado para eso.

Lo que antes era una creencia limitante se convirtió en una creencia potenciadora:

-Si Roger Bannister lo ha logrado yo también puedo hacerlo.

Y ese cambio mental es el que propició que varios atletas superaran la mítica marca de 4:00 en los meses siguientes.

Este proceso no solo pasa en las pistas de atletismo. Se repite en todos los colegios, todas las universidades y todas las calles del planeta.  Lo malo es que, a menudo, sucede inconscientemente.

César y Enrique son dos amigos. Ambos tienen 12 años, viven en el mismo barrio y van al colegio juntos. En la clase de oratoria, el profesor les ha pedido salir a hacer un discurso. César da un discurso divertido sobre lo raros que son los adultos. Sus compañeros ríen y aplauden y, al acabar, el profesor le felicita. Un ejemplo de creencia que César podría desarrollar podría ser:

-Hablar en público es divertido.

Cuando es el turno de Enrique no sabe muy bien de qué hablar. Se repite a menudo, usa poco léxico y se pierde varias veces al explicar algo. Sus compañeros miran por la ventana mientras habla y su profesor le advierte de que debe trabajar mucho si algún día quiere hablar bien en público.

De camino al pupitre, el cerebro almacena la siguiente creencia:

-No sirvo para hablar en público.

Si las mirásemos objetivamente, ninguna de las dos creencias es cierta; por un lado, hablar en público no tiene por qué ser una actividad intrínsecamente divertida. Por otro, Enrique no tiene por qué ser un mal orador a pesar de esa mala experiencia.

Pero eso ni importa.

Lo que importa es que su cabeza las tratará como si lo fuesen y César y Enrique crecerán pensando que esa es la realidad.

Es probable que a César le ayude a seguir practicando y se vuelva un mejor ponente y que a Enrique le quite las ganas de volver a hablar en público y evite todas las oportunidades futuras que surjan para hacerlo.

Lo que en un momento fueron solo creencias acabaron moldeando la realidad de cada niño.

Cómo cambiar las creencias

Hay veces, como en el caso de Roger Bannister, que una evidencia te obliga a hacer un cambio de creencias. Es imposible ver como alguien baja de cuatro minutos y seguir pensando que el cuerpo no está preparado para lograrlo. Por desgracia, eso no sucede siempre y cambiar una creencia no es sencillo pues las personas tenemos una resistencia al cambio muy alta.

Una de las mejores herramientas para cambiar creencias es el reencuadre. El reencuadre es una técnica acuñada por la PNL, pero en realidad no es más que forzar algo que nos sucede a todos de vez en cuando, un cambio de perspectiva.

Si tienes un blog y, a los 6 meses de vida, no tiene más de 100 visitas al día puedes pensar que no sirves para escribir, que montar un negocio online es imposible o que tú no has nacido para eso.

Cualquier de esos pensamientos te alejará de tu objetivo inicial, tener un blog de éxito.

Hacer un reencuadre consistiría en darle un enfoque distinto a lo que ha sucedido para centrarte más en la parte positiva que la negativa.

Por ejemplo, después de esos meses y con más de 30 posts a tus espaldas podrías pensar que ahora escribes mucho mejor, que tienes más idea sobre marketing digital o que google te empezará a tener más en cuenta porque tu web ya tiene un contenido decente.

Cualquiera de esos pensamientos, tan reales como los anteriores, te ayudarán a mantenerte firme y lograr lo que quieres.

Eso es lo que vamos a hacer a continuación, cambiar creencias limitantes por creencias potenciadoras. En cuanto las instaures en tu sistema de creencias, la ansiedad al hablar en público irá disminuyendo de manera gradual.

Las 5 creencias limitantes más extendidas en el mundo de la oratoria

Basándome en las personas a las que he entrenado en los últimos cuatro años, he detectado cinco creencias que se repiten a menudo y que boicotean la confianza de los potenciales ponentes.

1. No soy un gran orador

La mayoría de personas que tienen miedo a hablar en público piensan que no son grandes ponentes.

¿Y sabes qué?

Tienen razón.

Como dijo Ralph Waldo Emerson

“Todo orador fue un mal orador en sus inicios”.

Tú, tengas la edad que tengas, es probable que estés en los tuyos.

Sí, puede que tú tampoco seas un gran orador.

¿Y qué?

¿De verdad necesitas ser un super-orador como Tonny Robbins para hacer esa ponencia? ¿Y para participar en esa reunión?

No lo creo.

A menudo nuestra visión de las habilidades necesarias para realizar una tarea está sesgada. Pensamos que necesitamos saberlo todo sobre esa materia para ser unos dignos ponentes, profesores o comunicadores.

No es así.

Yo no he estudiado cocina. Ni he visto los programas de Arguiñano. Ni siquiera prestaba atención a mi madre cuando intentaba enseñarme.

Pero eso no me impide hacer una tortilla de patatas o un buen estofado. ¿Sabes por qué?

Por qué sé lo suficiente.

Sé lo suficiente para cocinar.

Creer eso me ayuda a lanzarme con cada nueva receta que intento.

Si eres como la persona media, lo más probable es que tengas varias conversaciones al día con otras personas. Unas serán con una sola y en otras participarás en grupo. También es probable que, en esas ocasiones, ni sudes, ni tiembles ni tengas el ritmo cardíaco por las nubes.  Estás transmitiendo información oralmente y sabes lo suficiente como para hacerlo sin problemas.

Si sabes hacerlo en esas situaciones, ¿Por qué iba a ser diferente en otro entorno?

Si me respondes que en ese nuevo entorno estarán tus jefes, tus compañeros o quién sea que te vaya a evaluar, pasa a la siguiente creencia.

Pero de momento piensa en esto: eres lo suficientemente buen orador para hablar bien en público.

2. Me van a evaluar y lo haré mal

Lo primero es cierto, lo segundo no tanto.

Uno de los ejercicios que hago en las formaciones consiste en salir a presentarte delante de tus compañeros. Cuando el participante acaba se sienta y le pregunto qué tal se ha visto. 8 de cada 10 solo aportan comentarios negativos.

-Estaba muy nervioso, quería decir una cosa y he dicho otra, se me ha olvidado la mitad…

En cambio, cuando pregunto al resto de compañeros, la gran mayoría no se ha dado cuenta de nada de eso y juzgan la presentación como competente.

Es probable que tú tengas un sesgo parecido con tu nivel de competencia. Es normal, quieres hacerlo perfecto y cualquier desviación de esa supuesta perfección acaba en sensaciones negativas.

¿Pero sabes qué?

Da igual.

Sí, da igual. Perdona que te diga esto, pero no puedes ir por la vida siendo tan egocéntrico.

¿Crees que esa ponencia va sobre ti? ¿Que lo importante eres tú?

No, lo importante es la audiencia. Estás ahí para aportar.

Tu objetivo debe ser aportar valor.

Olvídate de esa evaluación y en su lugar, intenta ser alguien útil para tu público. Ellos te están dedicando su tiempo y tú estás ahí para transmitir una información, para influirles.

Debes preparar la información de manera que sea fácil de entender y la gente pueda recordarla para que provoque un cambio en sus vidas.

3. No me puedo equivocar

He llevado esta creencia en mi mochila durante más años de los que puedo recordar. A los que somos perfeccionistas, si además se nos une el miedo al fracaso solemos sufrir la parálisis de la equivocación. Nos preocupa tanto equivocarnos que preferimos no hacer las cosas.

Este perfil siempre busca cualquier excusa para posponer la acción.

-Necesito más información, no están todos así que mejor lo posponemos, esta presentación se puede mandar por mail y no hace falta que hagamos la reunión…

Ja.

Excusas.

Pero es normal.

Vivimos en una sociedad que penaliza el error. Cada vez que te equivocas en la vida hay alguien ahí para escarmentarte. Tu padre, tu profesor, tu pareja.

Pero eso no es malo. Al menos no del todo.

¿Sabes por qué?

Porque no existen los errores. Existe el aprendizaje.

De hecho, sería una lástima no poder equivocarte porque aprenderías mucho menos.

Toasmasters International es un club de oratoria. Una de las actividades más apreciadas por los miembros es recibir feedback. Funciona así:

Un miembro sale y da un discurso. El resto del público escribe en un papel qué le gusta y qué podría mejorar y al final de la reunión se lo entrega.

Recibir esos papeles es el mejor regalo de la noche. A menudo, son 30 ideas para mejorar tu habilidad para hablar en público. Solo que apliques unas pocas, te estarás convirtiendo en un mejor orador.

A veces, cuando el miembro que sale a hablar es experto, lo hace muy bien y a la gente le cuesta decirle qué es lo que puede mejorar. El feedback consiste únicamente en elogios que acarician el ego pero que no promueven la mejora. Es una tragedia, lo peor que te puede pasar como orador. Sí, lo has hecho muy bien, pero sales de ahí sin ser mejor de lo que eras.

Por eso necesitas equivocarte.

No es que no te puedas equivocar, es que debes hacerlo. ¿O quieres tener el mismo nivel toda tu vida?

4. Necesito sentirme confiado para hablar en público

A primeros de julio mi hija Elea empezó a bañarse en la piscina. El primer día me costó más de 40 minutos convencerla para que saltase al agua y eso que yo estaba dentro con los brazos extendidos para cogerla.

Tenía miedo. Y ese miedo la paralizaba.

Pero a los 45 minutos sucedió algo. Decidió vencer su miedo y saltó.

Fue un momento genial.

Pensé que al día siguiente saltaría sin dudarlo, pero no fue así. Tardo 30 minutos en meterse en el agua de nuevo.

El fin de semana siguiente fueron 25.

Ayer la llevé a la piscina municipal y se tiró sin manguitos incluso antes de que yo hubiese saltado. Había vencido el miedo por completo.

Cuando se trata de vencer el miedo, todos pensamos que necesitamos más experiencia. La experiencia nos hará sentir más confiados y entonces no tendremos miedo y podremos hacer lo que sea que queramos hacer.

La realidad es que, si esperas a sentirte confiado, nunca lo vas a conseguir. Ana ya habló en este blog sobre cómo aceptar la incertidumbre.

El mejor truco para perder el miedo es enfrentarse a él.  Como hizo Elea.

Y cuando lo hayas hecho una vez, la próxima será más fácil. Y la próxima todavía más.

Y, antes de que te des cuenta, llegará un día que saldrás a hablar en público sin manguitos.

No necesitas sentirte confiado, debes dar el primer paso para que un día puedas sentir esa confianza.

5. Estoy muy nervioso

Cuando era pequeño mi día preferido del año eran San Juan. Por encima del día de Navidad, de mi cumpleaños o incluso del día que mi madre hacía hamburguesa con patatas fritas para cenar.

Durante la noche de San Juan, en Barcelona, la gente tira petardos y a mí me parecía que no existía nada en el universo que me pudiese hacer más feliz.

Cuando se acercaba la fecha, iba con mi hermano a buscar el catálogo de petardos con las ofertas y pasábamos horas eligiendo nuestra compra.

-Tres cajas de estos barrenos que son los mejores.

-No, cuatro que luego se nos acaban.

-Venga, cuatro. Estos cohetes, el double boom…

Durante los días previos a la compra el entusiasmo me desbordaba. Cuando hablábamos de ello en la cena sentía un cosquilleo en el estómago, mi pulso estaba acelerado y hablaba más rápido de lo normal.

No estaba nervioso. Estaba emocionado.

En las finales nacionales de oratoria de 2014 noté eso mismo al salir al escenario. Estaba en la grada y, mientras bajaba las escaleras, noté como el pulso se me aceleraba y crecía el cosquilleo en el estómago. ¡Eran los mismos síntomas que el día de San Juan!

No estaba nervioso. Estaba emocionado.

Puede que sientas los mismos síntomas cuando sales a hablar en público y crees que estás nervioso pero la realidad es que estás entusiasmado. Vas a hacer algo que te sacará de tu rutina, algo que te alejará de la pantalla del ordenador y te acercará a otras personas. Tu cuerpo lo sabe y se activan las señales de emoción.

¿Hay algo mejor que eso?

Resumiendo: ¿Qué tengo que hacer para hablar bien en público?

Las cinco nuevas creencias que debes instaurar son:

Eres lo suficientemente bueno para hablar en público.

No pienses en la evaluación, céntrate en aportar valor.

Necesitas equivocarte para poder

No necesitas sentirte confiado, hay que hacerlo con miedo.

No estás nervioso. Estás emocionado.

Interioriza estas creencias y verás que el miedo al hablar en público se va reduciendo con cada nueva presentación que hagas.

Sobre el autor:

Nacho Téllez es dos veces campeón español de oratoria y en su blog ayuda a las personas a hablar mejor en público y hacer presentaciones memorables.

Fuente: befullness.com
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